Y es que no suena
nada rara la afirmación de que los colores provocan un efecto emocional en
nosotros. De hecho, forma parte de nuestro lenguaje cotidiano. En otras
palabras, es común hablar de colores cálidos, como el rojo, el amarillo o el
naranja, que pueden suscitar distintas reacciones, desde positivas (calidez) o
negativas (hostilidad y enfado). O, por contra, también solemos hablar de
colores fríos, como el verde o el azul, que suelen provocar una sensación de
calma pero también tristeza.
Ya que todos
estamos familiarizados con estos conceptos, la psicología del color se emplea
en la vida cotidiana. Por ejemplo, cuando pintas tu casa y consideras qué
colores quieres para tu hogar porque vas a pasar muchas horas allí dentro.
Cuando haces eso, sueles tener en cuenta cómo te harán sentir las diferentes
tonalidades: ¿un gris elegante para el salón? ¿una cocina verde que se asocie a
la primavera y la frescura? A lo mejor te gusta el yoga y la meditación y
quieres una habitación blanca porque sabes que tiene un efecto relajante. Esto
son solo algunos ejemplos de cómo empleamos la psicología del color casi sin
darnos cuenta.
*Tema tomado de: https://psicologiaymente.com/miscelanea/psicologia-color-significado

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